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El Resurgir Del Ayni En La Construcción De Galpones Forrajeros

Por Damián Andrada | Investigador de Ore-Iwgia, y Magister en Ciencia Política y Sociología

Departamento de Oruro en El Estado Plurinacional de Bolivia

A través del proyecto Navegador Indígena y la ejecución del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), con la financiación de la Comisión Europea, los pueblos originarios del Territorio indígena Jach'a Marka Tapacarí Cóndor Apacheta construyeron 55 galpones forrajeros para el alimento del ganado. De este modo, tendrán materias primas en buenas condiciones para alimentar al ganado y, producir leche y queso. El proyecto también incluye la recuperación de la lengua quechua y la capacitación en derechos indígenas y colectivos.

Tierra de carnaval y de minería, la aridez y la altura de Oruro contrastan con la calidez de su gente. A dos horas del aeropuerto regional se encuentra el Territorio Indígena Jach'a Marka Tapacarí Cóndor Apacheta. A los costados de la ruta que une Oruro y Peñas, los remolinos de polvo juegan bajo la atenta mirada de los cerros. “Tapacarí es un cañadón. Fíjese que a los costados hay cerros. Por eso se arma tanto viento”, explica uno de los pasajeros.

 

Es 17 de diciembre y la comunidad celebra la construcción de 55 galpones forrajeros para el ganado: 45 en el marco del proyecto Navegador Indígena y 10 por parte del municipio. En la subalcaldía, 100 pobladores de tierras altas se reúnen para celebrar la inauguración de la obra: una infraestructura fundamental para comunidades agroganaderas. La gente está contenta por la concreción de un proyecto que duró dos años y uno a uno van tomando la palabra para dar agradecimiento y felicitar a los beneficiarios. Los sombreros y ponchos verdes de las autoridades originarias resaltan en la primera fila. El periodista de Radio Peñas, Fermín Cepeda, está cargo de la conducción del evento.

- Quiero darles la bienvenida. Las autoridades estamos muy contentos por los techos que han llegado. ¡Jallalla Tapacari! - abre el evento el Jatun Tata (en quechua, corregidor) Luis Quispe.

- No era fácil encarar este proyecto. Pero hemos tenido la capacidad y este proyecto nos ha unido de norte a sur. Vemos que aquí en la casa del pueblo estamos todos: hermanos de Antequera y Pazña. Estamos unidos, hermanos, como un solo pueblo. Un solo territorio. Hemos conocido nuestra propia identidad y nuestros propios derechos, que muchas veces desconocemos. A través del Navegador Indígena se ha detectado la pérdida de nuestro lenguaje, el quechua. Tenemos que revalorizar nuestro idioma y nuestra cultura – se suma el alcalde de Pazña, Diony Achacollo.

Las palabras de la autoridad no pasan desapercibidas. En Tapacarí, existen dos municipios, Pazña y Antequera, en un solo territorio. Esto había generado una histórica división que supo desarmarse a través del proyecto. Pazña y Antequera trabajaron en comunidad. Se unieron para hacer tareas comunes como preparar el alimento, la construcción de los galpones y las celebraciones a medida que avanzaba el proyecto. Por eso los beneficiarios hablan de que retomaron la práctica del ayni, la ancestral solidaridad andina en la que los comunarios se ayudan mutuamente.

La celebración no es para menos. Hace ya dos años que se recolectaron los datos a través de encuestas realizadas por la misma comunidad que incluían más de 100 preguntas. Luego subieron los datos al portal del Navegador Indígena y la International Work Group for Indigenous Affairs (IWGIA) los validó. De este modo, el proyecto sigue las recomendaciones de la Agenda 2030 y la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, tales como el derecho a la salud, educación, consulta previa y libertades democráticas.

Luego se debatió en asamblea sobre los resultados de las encuestas para pensar qué necesidades se podían implementar. Como Tapacarí es una zona agroganadera que produce carne, leche y queso, las comunidades plantearon que en los meses de invierno o cuando llueve se les arruina el alimento para el ganado. Por eso llegaron a la conclusión de que necesitaban un techo para guardar el forraje y mantenerlo saludable para alimentar al ganado. El segundo problema que surgió fue la educación porque los jóvenes están perdiendo la lengua quechua. Así, la asamblea aprobó la construcción de los silos forrajeros con materiales del lugar y conocimientos ancestrales, y recuperar la lengua quechua a través de talleres.

- Este no es un proyecto exclusivamente de infraestructura. Es un proyecto integral. Se realizaron capacitaciones en derechos, desarrollo comunitario y la Agenda 2030. Los pueblos originarios han recuperado sus técnicas ancestrales para la construcción de los galpones. Ellos mismos han traído las piedras y realizado el adobe para la construcción. Al tener el alimento fresco y en buenas condiciones van a poder generar la leche y el queso para mantener a sus familias. Hay que recalcar y valorar el aporte comunitario. Mucha gente que vive sola fue apoyada por la comunidad para que pudieran hacer su propio aporte – señala la socióloga del CEJIS, Ángela Agreda.

Asimismo, la técnica destaca que si bien el Proyecto Navegador Indígena acompañaba la construcción de 45 galpones, la alcaldía sumó 10 más. El compromiso de los comunarios también logró aumentar el tamaño inicial de los galpones. Si bien cada silo forrajero tenía un valor de alrededor de 3.107 bolivianos, (445 dólares) la inversión ha sido mayor: eso fue un aporte económico de la misma comunidad por fuera de la inversión del proyecto.

Vitalia Martínez Arroyo es una de las beneficiarias del proyecto y junto a su mamá celebran la inauguración de los silos forrajeros. La comunaria señala que el proyecto ha sido “muy importante” porque es un beneficio directo y destaca que no fue una imposición, sino que ha sido una decisión del propio municipio a través de la consulta y una asamblea. Si bien las mujeres se dedican al ordeñe, Vitalia agrega que las mujeres también aportaron en la construcción llevando el agua en baldes, transportando el barro en carretillas, haciendo el adobe y apoyando a sus esposos.

 Nosotros sabemos qué necesidades tenemos y decidimos que el proyecto de galpones forrajeros vaya adelante. Muchas veces los proyectos vienen por imposición y no dan resultados. Mis compañeros beneficiarios están bien satisfechos con este proyecto porque somos una productora lechera y nos sirve harto. En la primera etapa, ya vemos que los forrajes adentro del galpón se mantienen verde y no se pierden sus propiedades. Cuando está afuera el viento lo lleva, la lluvia lo moja, se fermenta y no es bueno para el ganado. Con esto vamos a estar aumentando la cantidad de la leche por la calidad del forraje – comenta Vitalia.

A la vuelta de la subalcaldía, Don Mario Cruz Onofre y Elsa Fernández Llanque están terminando de construir el galpón. Doña Elsa cuenta que para el día siguiente va a estar listo y destaca que utilizaron las técnicas ancestrales en base a adobe y piedra.

- Empezamos a trabajar con piedra y barro, y ya hemos puesto el techo. Ahora estoy seleccionando dónde irá cada forraje: a este lado va a ser paja de haba y quinua; en el fondo la cebada de versa; y este espacio va a ser lleno de almacigo – explica Don Mario.

Para celebrar la entrega, los comunarios realizan la ch'alla (ceremonia de reciprocidad con la Pachamama, según la tradición aymara) de un galpón. El elegido es el silo de Gumercindo Quispe Sequeiros ubicado a la entrada de Peñas. Las autoridades llenan unas vasijas adornadas de alfares con sidra, que luego se estrellan en el piso al grito de “¡Jallalla!” (“qué viva”, en aymara).

- Es un orgullo tener un buen galpón para almacenar el forraje. Antes tenía uno pequeño y este es grande y amplio. Ahora ya no vamos a tener que hacer caminar tanto al ganado, que se lastiman las patas, y se pierde leche. Cuanta más comida podamos almacenar, más leche da. Va a mejorar la producción de leche a 20 ó 25 litros. Las prácticas ancestrales las aprendí de mi abuelo, trabajé como 10 años con yunta, el adobe lo aprendí de mis abuelitos y de mi papá. Yo no contrato albañiles. Yo solo lo he hecho. Solito con plomada. La construcción demoró solo una semana: uno cuando le mete, le mete. Eso me gusta – comenta Gumercindo acompañado de su esposa.

Siguiendo los lineamientos de los 17 objetivos de la Agenda 2030, la implementación de este proyecto espera, en el largo plazo, erradicar la pobreza y poner fin al hambre en Jach'a Marka Tapacarí Condor Apacheta a través de una mejor seguridad alimentaria y mejores días para las familias que habitan en el territorio.

Lentamente, la gente comienza a volver a sus hogares. Los beneficiarios están felices con sus galpones construidos con técnicas ancestrales que mejorarán la alimentación de su ganado y el inicio de la recuperación de su lengua quechua. Sin embargo, saben que lo más importante está por detrás: nadie les impuso nada, ellos mismos tomaron la decisión sobre los proyectos y volvieron a trabajar juntas Pazña y Antequera a través de la práctica del ayni.

 

 

El proyecto está financiado por la Comisión Europea - Desarrollo y Cooperación - EuropeAid, canalizado por el Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas (IWGIA), ejecutado por el Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social - CEJIS bajo la Iniciativa de Navegadores Indígenas.

Con el apoyo de la Unión Europea (UE)

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El Navegador Indígena proporciona un conjunto de herramientas para que los pueblos indígenas monitoreen sistemáticamente el nivel de reconocimiento e implementación de sus derechos.

 

 

 

 

 

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